GASTRONOMÍA: Cierra sus puertas el icónico restaurante Puerto Viejo; dice adiós a un importante legado cultural de Mazatlán

La vida cultural de Mazatlán se puede contar de muchas maneras, por medio de los hechos que le han dado forma, de las reseñas de los periódicos o de los personajes que han participado en ella, pero también a través de los espacios físicos que fueron testigos de su nacimiento y evolución.

Uno de ellos es el Puerto Viejo, el icónico restaurante ubicado en la esquina de Sixto Osuna y Paseo Olas Altas que fue testigo por más de dos décadas no solo del desarrollo artístico y cultural que ha tenido Mazatlán, sino también de la consolidación de un Centro Histórico que hoy vive su mejor momento al convertirse en uno de los atractivos turísticos más importantes de la ciudad.

El Puerto Viejo apareció en Olas Altas a finales de los años 90. La terraza frente al mar no solo invitaba a entrar para comerse unos mariscos y tomarse unas cervezas; el ambiente, la música, casi siempre rock de los años 50 y 60, convencían a la mayoría de los comensales a quedarse a platicar, a armar la tertulia teniendo como fondo una espectacular vista y los mejores atardeceres del puerto.

Reconocidos escritores, pintores, poetas, así como artistas tanto nacionales como internacionales que visitaban Mazatlán se comieron ahí un aguachile, una campechana, el clásico ceviche de atún o simplemente botanearon con cacahuates o chicharrones mientras se tomaban su cerveza o copa de vino luego de haber participado en algún evento cultural en la Plazuela Machado o el Teatro Ángela Peralta. Incluso ahí mismo se realizaron presentaciones de libros o conferencias culturales.

Por ahí se le vio a Juan Villoro, a Paco Ignacio Taibo, a Alejandro Paéz Varela, a Rius, a Jorge Zepeda Patterson, a Elena Poniatowska o José Agustín, también a artistas como Angélica Aragón, Gonzalo Vega, entre muchos otros personajes marismeños que le dieron identidad a este espacio que el pasado 30 de agosto fue derrumbado para darle paso a la construcción de una torre de condominios.

 

El lugar de los escritores

Luis Alonso Enamorado, fotógrafo y editor de revistas turísticas y culturales de Mazatlán, recuerda que este sitio emblemático de la vida cultural marismeña se lleva cientos de anécdotas que quedaron marcadas en la memoria de quienes las vivieron y que ahora le abren paso a la nostalgia.

“Antes de Puerto Viejo ya habían existido otros restaurantes ahí, ese edificio no tiene más de 43 años, veo que alguna gente se opone a que haya sido demolido, pero no es un edificio tan antiguo. Cuando se hizo estuvo ahí Salsas El General, luego vinieron otros restaurantes y en el 98 se fundó Puerto Viejo. En el caso mío, como cofundador de la Feria del Libro y Las Artes de Mazatlán, llevé a muchos escritores, como Juan Villoro, Rius, Jorge Zepeda Patterson, cuando formamos las Jornadas de Lectura, lo que dio pie a la Feliart, esa área era el corredor entre el mar y la Machado y ahí justo estaba el Puerto Viejo, era el recorrido que hacían los escritores, luego de presentar los libros en la Plazuela Machado. Les encantaba ir ahí, por la ubicación, ahí siempre corre aire”, dice.

El icónico restaurante ubicado en la esquina de Sixto Osuna y Paseo Olas Altas. Foto: Cortesía | Luis Alonso Enamorado
El lugar también será recordado como un espacio para la música, hubo una época en la que se organizaban noches de karaoke, se presentaban grupos de rock como La Patasalada y claro, no podía faltar el organista que ambientaba las noches bohemias del Puerto Viejo.

“Ahora que lo demolieron claro que entra la nostalgia, aunque el edificio se estaba cayendo, era parte de la historia cultural de Mazatlán, pero bueno, seguramente vendrán nuevas historias en ese espacio que por muchos años fue del Puerto Viejo”, comentó.

El punto en Olas Altas

Para el escritor mazatleco Juan José Rodríguez el Puerto Viejo fue un punto de reunión en Olas Altas que contribuyó a que la zona se convirtiera en polo de diversión y desarrollo cultural del Mazatlán de aquellos años.

“Yo me iría desde antes, desde que el negocio era Salsas El General, un negocio propiedad de Paco Farriols y Adrián Armas. En aquel tiempo en ese negocio había muchas exposiciones de arte, incluso se impulsó un mural de Carlos Bueno, que estaba allá arriba, ‘La Llorona’. Ya cuando se hizo el Puerto Viejo, siguió siendo un sitio”, comenta.

“Cuando surgen esos lugares, hay que visualizar que el Centro Histórico estaba muy solo, también Olas Altas, había muy pocos negocios, estaba el Amadeus, que era un café bohemio, la gente iba al Club Muralla, no había Plaza Machado, en ese polo de diversión y desarrollo cultural se crea el Museo de Arte, el Museo Arqueológico y también el espacio de Olas Altas, ya la gente también iba a la Fonda Santa Clara y al Farol, dos lugares ya desaparecidos (hoy Fonda de Chalío)”.

Rodríguez resaltó que es importante que en la vida cultural, en cualquier asunto, existan también negocios.

“Por ejemplo, cuando empezó el boom del Teatro Ángela Peralta se autorizó una discoteca en la Machado, fue el Café 808, había dudas porque estaba en una zona de escuelas, pero fue el primer sitio que hubo ahí con venta de alcohol”.

Más allá de la desaparición de un sitió icónico en la vida cultural de Mazatlán, Rodríguez dice que lo más terrible es la pérdida de espacios físicos que son el patrimonio de la ciudad.

Este lugar fue el encuentro de diversión para muchos turistas y locales.

“Puerto Viejo fue un bar punto de partida, ahí se han presentado libros, conferencias, pero lo más terrible que veo yo es cómo estamos enfrentando la pérdida de espacios físicos, el patrimonio. Ya empezamos a ver la desaparición en la avenida Alemán de muchas casas de los años 50 y 40, muy bien hechas, para darle paso a las torres. Y también el rumbo de Los Pinos, una colonia bastante mediterránea, muy bella, que ya está llena de torres. Y justamente que vaya otra torre ahí donde estaba Puerto Viejo va a dar la puntilla a Olas Altas, que está muy activa en ese sentido”.

“Yo creo que Puerto Viejo fue un sitio que estaba justamente en el polo de desarrollo cultural, era un lugar sin pretensiones, era barato, porque debe haber para todos los gustos, porque cuando un lugar se gentrifica demasiado, con puros cafés hipster, la raza no tiene lugar, por eso quizá ha aumentado la cantidad de gente que se va a tomar su caguama abajo de Olas Altas”.

En el 2016 en el restaurante Puerto Viejo se presentó el libro “Oriundo Laredo”, de Alejandro Páez Varela.

El restaurante Puerto Viejo de Mazatlán fue punto de reunión no solo de turistas y locales, sino también de escritores, poetas, artistas y diversos personajes de la vida cultural local y nacional.